Este año, durante el VIII Salón del cómic de Zaragoza, tuve la oportunidad de asistir a varias conferencias sobre cómics, editoriales, ilustradores, fanzines y webcómics. Aunque me perdí una de las más importantes, creo que tengo suficientes datos para divagar un rato sobre el estado de los cómics y las posibilidades que tienen por delante sus autores.
Antes de que existiera Internet (o, al menos, antes de que se difundiera al público general), la gente se comunicaba por carta en vez de email. Se veían series venidas de Japón en VHS y BETA en vez de DVD. Se prestaban los cómics sin necesidad de p2p. Sin embargo, se hacían exactamente las mismas cosas que se hacen ahora. Internet sólo ha mejorado la calidad de la comunicación y la durabilidad de los datos, pero las bases siguen siendo las mismas. Sigue habiendo reuniones para ver series y películas subtituladas. Se siguen prestando cómics en esas reuniones. Y la gente con los mismos intereses sigue socializando independientemente del resto del mundo.
En estos grupos la gente se conocía y formaba nuevos proyectos. Guionistas y dibujantes se encontraban para dar lugar a nuevos cómics. Éstos cómics generaban fanzines y, a su vez, los fanzines generaban nuevas asociaciones que se mantenían en contacto para distribuir los fanzines. Hoy día se sigue haciendo exactamente igual. Internet aporta nuevos medios de comunicación, pero hasta que no hay un contacto directo entre los distintos grupos no se generan nuevos proyectos. Apenas se intercambian ideas de forma eficaz en la red. Los buenos estudios de cómic casi nunca surgen en Internet.
En este aspecto, los salones de cómic son un importantísimo punto de encuentro, ya que atraen a gente de intereses similares, pero diferentes y, sobre todo, de muy distintas partes de la geografía. Y esto es importante porque reduce la endogamia y mejora la mezcla de ideas, lo cual se convierte, generalmente, en una mejora del producto final de todos los grupos. Además de esto, las relaciones comerciales entre los distintos grupos de autores suelen ser mucho más tensas en la red. En el mano a mano los negocios, por pequeños que sean, se discuten de formas mucho más saludables y distendidas. Lo que en un foro de discusión de Internet puede ser un malentendido que separe a dos grupos casi irremediablemente, en persona puede quedar en nada más que una anécdota incómoda, como mucho. La mayoría de las veces los problemas se solucionan antes y con mejores resultados hablando que escribiendo.
Sin embargo, las ventajas de Internet están presentes y son muchas. Y ya no sólo de Internet, sino también de la banda ancha (de la poca que disfrutamos en España). En los tiempos de Internet antes de Google, la gente se comunicaba e intercambiaba opiniones. Ahora, sin embargo, es posible intercambiar muchos más datos. Se pueden transmitir en unos minutos, por ejemplo, páginas enteras de un proyecto de cómic. Esto ayuda mucho al desarrollo pues los estudios de cómic ya no necesitan estar localizados geográficamente, sino que se basan en los medios que ofrece la red para mantener la coordinación ente los distintos miembros del equipo. Eso significa que grupos que antes no podían trabajar juntos porque, primero, no se habrían conocido y, segundo, aún conociéndose no podrían trabajar juntos, ahora pueden hacerlo. Sobra decir que el aumento de calidad que esto supone en términos generales es incalculable (al menos sin explicar el número e).
Otra de las grandes ventajas que Internet trae consigo es la difusión. Antiguamente si alguien quería hacer un cómic y publicarlo en forma de fanzine no le quedaba más remedio que buscarse una copistería, hacer sus fotocopias y distribuirlas en mano a los pocos vecinos del barrio que quisieran gastar su dinero en semejante producto. Muchos autores alcanzaron cierta fama empezando así, no os equivoquéis. Pero mediante las nuevas tecnologías, el que antes podía llegar, como máximo, a un todo barrio y, con suerte, encontrar un editor a nivel local o, con mucha suerte, a nivel nacional, ahora puede hacer llegar su trabajo fácilmente a todo el mundo (excepto, quizá, China y Corea). Y por si algún incauto lector no sabe aún a qué método me refiero cuando relaciono eso de llegar a todo el mundo con los cómic es, por supuesto, el webcómic.
Y esto nos lleva a una interesante dicotomía que se propuso como cierta en una de las charlas del salón de Zaragoza. Que los fanzines y los webcómics son dos fuerzas perpendiculares e inseparables, cual fuerza eléctrica y magnética. Un fanzine funciona mejor si existe en Internet. De hecho, como dijo Pedro (uno de los conferenciantes), un fanzine que no tiene presencia en Internet no existe para el público. Y de la misma manera, un webcómic que no tiene una versión en papel, difícilmente va a ver rentado el esfuerzo que le ha supuesto su creación. Así que, con mucha probabilidad, uno de los modelos de negocio que veremos en el futuro, más que el del webcómic puramente online y financiado por la publicidad o por encargos personales, será el webcómic apoyado por el libro o fanzine correspondiente, con el mismo contenido que en la web y algunos extras. Sin dejar de lado, por supuesto, las muchas posibilidades de promoción que ofrece un currículum en el que puedes certificar que tu obra ya tiene miles o incluso millones de lectores.
Por otra parte, en la posibilidad de la autoedición, existen cada vez más empresas que se están dando cuenta del futuro que tiene esta práctica. Entre otros cabe destacar a Publidisa, que proporciona una infraestructura suficiente para que cualquier autor de España pueda encargar sus libros o cómics a demanda y enviarlos a cualquier punto del país sin problema. Esto incrementa aún más las posibilidades de distribución que tanto le han estado haciendo falta al fanzinero durante los últimos años.
Además de esto, existe otro aspecto por explorar, que es la variedad de géneros y públicos disponible. Y es que la mayoría de los cómics que se comercializan hoy día en España pertenecen a dos grupos muy marcados. El primero, es el tipo de cómic que se vende en tiendas especializadas. Generalmente grandes tomos recopliatorios o números de series grandes y establecidas. Todo dirigido generalmente a los adultos que buscan un cómic más denso y trabajado en profundidad. El segundo, el cómic dirigido expresamente a las ventas a adolescentes. Grandes máquinas comerciales de producción extensiva de cómics generalmente sosos, pero con mucho contenido gráfico y, principalmente, impactante a la vista. No me malinterpretéis. No me parece mal que se explote comercialmente un punto débil de la psique de los pre-adolescentes. Al menos no tan mal como otras publicaciones que sí se dan en el cine, por ejemplo. Es sólo algo moderadamente reprochable, pero demasiado rentable para negarlo.
En todo caso, como iba diciendo, la mayoría de publicaciones actuales van en esas líneas (sin olvidar la clásica sátira política de los diarios), pero hay un importante nicho que se ha ido quedando vacío, sirviéndose ahora exclusivamente del mismo material que ya tenía en los ochenta. El cómic infantil. Sí, ese mismo del que los más mayores creen que se compone todo el espectro del cómic. Esos Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, Pepe Gotera y Otilio... siguen siendo los mismos que hace años. No hay nada nuevo. Incluso contando a los franceses con Astérix y Tintín, que levante la mano el que haya visto en España un cómic dirigido a niños (no, libros de ilustraciones no me valen) nuevo en los últimos veinte años. Lo único la revista Dibus y alguna similar, pero no cómics lomo y portada fija. A lo mejor estoy especulando demasiado y sin suficiente información, pero con la que tengo, creo que es un área del público que puede merecer la pena explorar. Además, si ha habido un sector consumidor de cómics en España (y esto lo saben bien los detractores del cómic genérico), esos han sido los niños que cada semana íbamos al kiosco con nuestras cien pesetas (o quinientas, las que fueran) a comprarnos un Mortadelo o algo similar. Yo creo que aún queda margen que explotar en ese sentido si se sabe hacer bien.
Y por último, no quiero dejar sin tocar uno de los temas más terribles de la inminente expansión del webcómic a través de Internet: la moda de hacer un webcómic. Si bien hasta ahora el webcómic era un producto que hacía un autor de cómic porque quería mostrar su trabajo al mundo, recibir opiniones inmediatas y mejorar en el proceso, ahora ha surgido un nuevo tipo de autor que lo único que quiere es... "tener un webcómic". ¿Por qué? Nadie lo sabe. Es la moda. Es guay. La gente siempre ha querido el éxito instantáneo en Internet, y siempre ha creído que existe. La realidad es que ahora nos podemos encontrar con muchos nuevos webcómics que no son más monigotes en paint con chistes ilegibles (en los mejores casos) e incomprensibles (en los peores). Una horda de, creo, infantes de menos de dos décadas que, sin ningún estudio académico aparente, se dedican a inundar la red de material de penosa calidad y aún pretenden que se les respete porque, según algunos de ellos, le han dedicado mucho tiempo (medido en picosegundos, digo yo) a crear esa aberración indigna hasta de una servilleta de bar.
No todos los nuevos van en ese plan, por supuesto. Los hay con ganas de aprender y mejorar. Pero la cantidad de gente que lo hace por el mero hecho de poder fardar de que tiene un webcómic es asombrosa. Y eso nos lleva a otra pregunta: ¿Se puede estar orgulloso de crear una obra totalmente infumable? Yo sólo espero que algún día se den cuenta de que no.
La conclusión que saco de todo esto es que aún hay un gran mercado que explorar en la interacción entre los webcómics, las editoriales y distribuidoras y el público potencial. Las posibilidades de crear un modelo de negocio mixto entre Internet y la distribución física aumentan cada día con la adicción de nuevos medios y la mejora de los precios de estos. Las posibilidades de comunicación entre autores han aumentado exponencialmente los últimos años y lo seguirán haciendo.
En definitiva: Si crees que tienes el potencial para crear una obra que llegue a todo el mundo (o al menos a toda España), pero no hay editoriales dispuestas a publicarte, sea cual sea el motivo, plantéate la autoedición y la distribución vía Internet (tanto en digital como en papel). Hay gente que ya está empezando a ver dinero en esto y, cuantos más haya empujando, antes saldrá adelante este modelo cuyas posibilidades son inmensas en comparación al modelo actual.
Esa es mi opinión. Si tú tienes alguna distinta, por favor, no dudes en comentarla. Cuantos más datos se añadan sobre este tema, mejor.
Sed felices.